Vivimos en la constante búsqueda de la felicidad, pero, ¿Qué es la felicidad? ¿Es acaso un par de zapatos a la moda, un vestido elegante o quizás aquello que sin pensarlo adquirimos para calmar nuestros caprichos? Muchos expertos definirían el término “felicidad” como un estado de ánimo en el que la persona posee un enfoque positivo del medio. Sin embargo, muchos otros llamamos felicidad, a la manera en cómo nos sentimos cuando satisfacemos alguna necesidad o cuando cumplimos con alguna meta previamente establecida. Un título universitario, una casa propia, un empleo bien remunerado, son comúnmente motivos de felicidad, en lo que podría llamarse una relación unidireccional entre el individuo y su medio, es decir, una relación que involucra estrictamente al individuo y lo que su medio le proporciona. Rara vez observamos el caso en el que el individuo es responsable directo e intencional de la felicidad de los demás, parece que en nuestra rutina no hay cabida para pensar en el otro.
Asimismo, dejamos nuestra vida pasar, ignorando que "Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo” Como decía John Donne. Las olas del mar pueden arrastrar porciones de arena, así como los cambios en el curso de la vida puede atentar contra nuestra unidad. Sin embargo, si creemos fielmente que somos parte de un todo y nos aferramos a ese ideal con la misma pasión con la que un niño se apega a su juguete favorito o con la misma ansias con la que un indigente comería un pedazo de pan, podremos transformar esa felicidad individualista en algo capaz de afectar a los demás de manera positiva. Logrando así, llevar nuestros motivos al nivel que deberían ser, pero que simplemente decidimos ignorar porque es más fácil alcanzar la felicidad propia satisfaciendo necesidades banales, que llegar a ser felices al mirar alrededor y sentir que hicimos algo más que salvarnos a nosotros mismos de la autodestrucción. Sabemos que, en una sociedad ideal cada uno de los miembros piensa en el otro como en sí mismo, todos consientes que son solo piezas necesarias para el futuro de una sociedad mejor; al mismo tiempo que, “La cura del universo es un trabajo interior” de acuerdo con Bernt Capra, y ese trabajo interior se concentra principalmente en el restablecimiento de los valores olvidados, podemos empezar a enmendar nuestros errores, introduciendo nuevamente el concepto de vivir en sociedad. Como bien decía John Donne en la continuación de su cita, “la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy unido a toda la humanidad, por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti." Es decir, todo lo que sucede a nuestro alrededor, está directamente relacionado con nosotros y por ende puede afectarnos positiva o negativamente, solo nosotros decidimos si hacemos algo al respecto. Aislarse no es una opción, puesto que no siempre lo más aceptado es lo más acertado.
Ahora bien, ¿Somos felices?: nos levantamos temprano, nos aseamos, desayunamos y nos arrojamos a lo inesperado, al comienzo de un día lleno de sorpresas donde cualquier cosa podría suceder; sin embargo terminamos siempre haciendo las mismas cosas, llevando a cabo las mismas tareas que nos conducirán a aquello que nos gusta llamar felicidad. Hemos despertado ante un nuevo día -afirmamos- sin saber que en realidad aun estamos dormidos y jamás despertaremos, a menos que empecemos a creer que la felicidad no es ese estado futuro que planeamos de manera individual, sino por el contrario, es el presente que nace y muere con cada respiro que damos sin notar.
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