Allí me encontraba yo aquel dia caluroso de verano, en el patio de recreo bajo el sol mas intenso que mis ganas de no estar allí y cuyo reflejo de suelo arcilloso y seco, causaban daño profundo con cada rayo captado por mis pupilas. Había desayunado inconformidad, aquel dia al igual que el resto y observaba a través de aquel cerco perimetral, atenta ante el posible encuentro de algún rastro de mi ansiada libertad. Escuche mi nombre a lo lejos y gire sin advertir que con esto la realidad me golpearía otra vez: allí estaba ella, mi gran amiga caminando hacia mi y recordé entonces cientos de momentos de complicidad donde ella y yo habíamos conseguido escapar a la rutina de nuestras vidas con algo de diversión. En aquellos tiempos yo estaba en la universidad terminando mis estudios y ella ya habia culminado los suyos y estaba trabajando ya, teniamos una vida perfecta donde las rumbas nunca faltaban, donde los sueños acababan de comenzar.
Me dijo entonces mi amiga que habían llevado al patio central una maquina de videojuegos para que nos pudiésemos recrear. Sonreí ante la simplicidad de nuestro "plan del dia" mientras la frustración arañó mi orgullo ganando puntos en aquella batalla librada silenciosamente en mi. Caminé entusiasta junto a mi cómplice y nos detuvimos a observar como las otras reclusas jugaban una y otra vez sin ceder lugar a las demás que esperabamos impacientes.
Angie y yo fingíamos no notar que nos sería imposible probar los juegos, mientras mirabamos impotentes como las mas fuertes lo acaparaban, teniamos nuestro propio juego en curso, ninguna se dejaría derrumbar primero pues eso sería el final para la dos. Mientras analizaba aquello no advertí que un guardia repetía mi nombre ya por tercera vez y venia a tirarme del brazo como reprimenda a aquella insolencia. Sentí sus manos fuertes tomar mi brazo débil y senti ardor en mi piel aun lastimada de tantos dias bajo el sol, había olvidado cómo era la vida sin ese dolor de cabeza, -tienes visita, me comunicó mientras se aseguraba de que me dirigiese hacia el cerco perimetral.
Entonces lo vi, como salido de mis recuerdos, parado del lado privilegiado de aquel rincón dispuesto por el guardia para nuestro encuentro aquel día y que separaba con una cerca su destino del mío, era mi padre con una mirada menos triste que la ultima vez que lo vi. Hubiera querido poder abrazarlo mas me dio solo tiempo de oirle decir, -ven conmigo, mientras señalaba una falla en aquel cerco. Sus ojos advertían el peligro de aquellas palabras y yo inmediatamente supe que debía moverme ya. Angie aunque aun en el patio central, estaba lejos para oírme llamarla y sabia que tampoco llamar la atención era la opción adecuada, mire entonces a mi alrededor buscando al guardia que me había llevado hasta allí, por suerte había encontrado otra chica a la cual molestar y eso me dio unos segundos para caminar hasta mi amiga sin ser vista.
Una vez en el patio la encontré, había logrado que alguien le permitiera jugar, sonreí pensando en lo maravilloso de aquella hazaña mientras me hacia lugar entre las otras chicas que la observaban y no les hacia ninguna gracia que yo me metiera en el medio a bloquearles la vista, robarles el turno o que se yo, en mi mente el sueño de libertad acababa de renacer y debía llegar a mi amiga. La tomé entonces del brazo y le dije, -Debes venir conmigo ya, y cuando ella iba a preguntarme que pasaba, miró mi cara y cedió el juego a alguien mas. Nosotras siempre sabemos cuando algo es importante para la otra, aquel juego era lo mas importante para todas las reclusas ese día, pero no para mi y tampoco para ella, con una mirada estuvo mas que claro.
Llegamos hasta la cerca donde mi padre nos esperaba con desespero, el guardia nos miró de reojo y siguió en lo suyo con aquella reclusa sin advertir que violando la cerca y la sentencia Angie y yo nos subíamos al carro de mi padre. Una vez en el interior vi a mi hermano que con cara de preocupado nos esperaba sentado en la parte de atrás de aquella Cherokee año 97. Vi entonces desde la ventana del vehiculo el guardia notaba que ya no estaba junto a la cerca y corrió hacia la multitud de chicas en mi busqueda, pronto llegamos a la esquina y no pude ver mas. Quise pensar en ese lugar como en una pesadilla cuando escuche a lo lejos la alarma sonar, aun no era libre, nos perseguían.
Sentí muchas cosas en ese momento aunque ni una palabra lograba salir de mi boca, muchas lágrimas rodaban por mis mejillas. Pensaba en todas aquellas noches que me había perdido de mirar las estrellas, entre todas las muchas cosas que me perdí por estar entre cuatro paredes sin opción alguna de salir, hasta hoy, hasta ese preciso momento en el que hasta el aire me sabia distinto. Mi padre sonreía mientras conducía y nosotros le indicábamos si veíamos algún auto perseguirnos. Nos encontramos entonces frente a un portón cerrado y sin calle alguna por donde huir, atravesamos el portón derribandolo a nuestro paso y aquello me dio la sensación de que escaparíamos. Y así fue.
Llegamos a otro pueblo muy lejos de donde nos buscaban y bajamos a un restaurante donde mi amiga y yo nos cambiamos de ropa mientras mi hermano y mi padre ordenaron comida que me supo a manjar divino aquella tarde. Angie volvió a la mesa y yo me quede un segundo mas mirándome en el espejo, hacia ya mucho que no veia mi reflejo con ropas limpias y libertad en mis ojos, el cielo era el limite nuevamente. Limpie la arcilla de mis zapatos, fui a sentarme a la mesa junto a mi padre y lo abracé, comenzamos a hablar de mi madre y del lugar donde nos estaba esperando para reunirnos otra vez.
Sonreí con ojos brillantes, abiertos ante el futuro incierto, el sueño de libertad había vuelto a nacer en mi y me sentí mas viva que nunca.
Gaby
No hay comentarios:
Publicar un comentario